28 de enero de 2017

Fugitiva a la deriva | Relato

Bueno. Estoy en pánico pero todo bien. Hace unos días os dije que participaría en el reto de escritura de El libro del escritor y aquí está el primer relato. Corresponde al cuarto reto, los tres anteriores los iré subiendo conforme los haga, no worries, que quiero hacerlos todos. Esta semana teníamos que escribir «una historia en la que salves la situación con un mayúsculo deus ex machina» y, bueno, mi deus ex machina no es muy mayúsculo porque no sé cómo se hace eso bien pero allá está.


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Joder, joder, joder.

¿Cómo ha podido pasar esto? Todo iba bien hasta que esa señora giró su pequeña cabecita. ¿Por qué no se quedaría admirando un rato más esos perfumes? No, tenía que girarse y destrozarme la obra maestra. Estaba a punto de dejar a ese hombre sin nada, ya tenía prácticamente todas sus monedas en mi bolsillo. Si no hubiera mirado, yo habría acabado con mi trabajo y todo bien, pero no, tenía que pillarme y gritar a los guardias diciendo que era una ladrona. Bueno, sí, soy una ladrona, ¿y qué? Cada uno se busca la vida como puede.

Pero parece que los guardias que me persiguen no piensan igual.

—¡Ladrona, ven aquí!

Acelero el paso, como me pillen me caerá la bronca del siglo en casa. Cerux ya dejó claro la última vez que no rescataría a nadie más. Si se entera que me han llevado al calabozo y que me han cortado una mano… no quiero saber qué pasaría conmigo.

Giro y me meto por callejones intentando despistarlos pero no lo consigo. Los oigo correr a mi espalda. Derecha, derecha, izquierda. Recto, atajo y correr todavía más.

Llega un punto en el que ya no sé ni dónde estoy. He pasado los límites de la ciudad y me van a pillar. Me van a pillar, joder. Las piernas ya me duelen, siento calambrazos con cada paso que doy pero me fuerzo a seguir y a correr más rápido. Si me cogen, adiós.

Evoco la imagen de Amia para darme fuerzas. No quiero que sufra como hizo Rozey con su hermano. Evoco las imágenes en mi mente, esperando que me den fuerzas para seguir. Pry fue de los primeros en irse a trabajar ese día. La noche anterior había organizado con su hermano el plan que seguirían: irían al mercado y mientras uno distraía al comerciante de alfombras, el otro se hacía con todas las que podía. En los detalles estaba su éxito. Rozey volvió antes de tiempo con las manos vacías. A Cerux no le gustó eso, le exigió saber qué había pasado hasta que tuvo que confesar que habían atrapado a Pry. Para entonces él tenía mi edad o un poco menos. Cerux ideó un plan para rescatarlo. No solo habían pillado a Pry robando, sino que se revolvió contra un guardia y acabó con su vida.

Lo habían condenado a muerte.

Salieron esa misma noche camino al castillo. Mi hermana y yo nos quedamos en casa, todavía no teníamos edad suficiente para ir de misiones así, solo podíamos salir a pedir dinero. Volvieron esa misma noche, la mayoría cubiertos de sangre y sin Pry, al que colgaron al día siguiente en la plaza del mercado. Fue un golpe duro para Rozey y Cerux, así que cada vez que pillaban a uno, aunque intentamos que no nos pillen, Cerux ponía su cuerpo y alma en su rescate, y trajo a todos de vuelta a casa hasta que llegó Marius. Cerux lo aceptó hace dos años, cuando yo empezaba a tener misiones importantes, y a todo el mundo le caía bien. Durante los primeros meses hizo bien su trabajo, luego empezó a traer menos comida y menos objetos para vender. Hasta que un día lo pillaron. Cerux investigó cómo había sido para ir a rescatarlo pero cuando descubrió que Marius había robado abiertamente un puesto de dulces para comérselos y proclamó que no le pasaría nada porque su jefe le salvaría, decidió dejarlo a su merced. Con suerte le cortarían una o dos manos. Sin suerte… Bueno, moriría, que es lo que pasó. Cerux dejó claro que dejaría de rescatarnos porque no quería una panda de débiles que esperan que alguien le salve el culo.

Así que si me pillan… estoy sola en esto. Y eso me acojona.

Llego al final de la calle que se abre para descubrirme una pequeña plaza y, al fondo, un puente. El río corre caudaloso por debajo, no podría tirarme y salvarme. Al otro lado del puente está la zona rica y el castillo, quizá pueda salvarme si paso desapercibida por allí. Muchos mendigos cruzan el puente porque es más probable que un rico les de monedas por pena que un trabajador corriente.

Cuando estoy cruzando, intentando a su vez desarreglar mi vestimenta, unos guardias aparecen delante de mí. Me giro, pero los que me perseguían ya han llegado al puente.

Estoy rodeada.

Se acercan a mí poco a poco, como si disfrutaran de ver a su presa acorralada.

—Por fin te tenemos, ladronzuela. Tus correteos por la ciudad han permitido que podamos avisar a los guardias del castillo por el puente alto.

Me siento muy estúpida ahora mismo.

Uno de ellos se acerca a mí y me quita el pañuelo que tengo en la muñeca antes de que pueda decir nada. Un tatuaje con forma de la cabeza de un caballo sale a la luz. Él sonríe.

—Vaya, así que eres de la banda de Cerux. Y alguien importante, por lo que parece.

—Si tanto sabes de nosotros, ¿cómo es que no sabes que Cerux siempre rescata a los suyos?

Su carcajada hace que me encoja. Y me avergüence de mis palabras.

—Sí, bonita, Cerux siempre rescataba a los suyos. Ya tenemos cuatro preciosas manos con vuestros tatuajes.

¿Cuatro?

El guardia no me deja pensar más. Me coge de la muñeca y me intenta arrastrar con él. Sin pensar, le lanzo una patada en el brazo y me suelta. En el tiempo que tarda en reaccionar, me giro y me subo a la baranda del puente. Morir o morir, esa es la cuestión. Algo me agarra de la camisa. Me la quito en un movimiento y salto al agua, semidesnuda.

El agua me golpea, el frío también. La corriente me sacude y no me permite nadar para salir a la superficie. Aguanto la respiración e intento impulsarme de alguna forma pero solo consigo alejarme más y más de la luz del sol. El cuerpo cada vez me duele más, las piernas apenas me responden. Tengo que conseguirlo, no puedo morir así. No puedo morir aquí.

Hago un último esfuerzo pero la corriente me sigue zarandeando. Me quedo sin aire. Noto como si algo me presionara la cabeza por todas partes. Cuando me doy cuenta, he abierto la boca para respirar.

Y respiro.

De alguna forma extraña, en vez de entrar agua por mi boca, entra aire. No estoy muerta. Puedo respirar bajo el agua. Algo me saca de la corriente cuando todavía lo estoy asimilando.

Cerux.

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Vaya. Para empezar, odio a Blogger porque en Word queda precioso, con su sangría y sin tener que poner espacio entre párrafos (porque si no lo ponía era un agobio). Pero bueno, espero que os haya gustado. Probablemente haga más relatos para el reto en este mundo y con estos personajes, me ha picado el gusanillo.

2 comentarios:

  1. Que no es un deus ex machina mayúsculo, dice xD
    Me ha gustado un montón, ánimo con el reto :3

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  2. AHHH
    osea, hola? No puedes dejarlo así. Normal que quieras seguir rescatando las ideas para otros relatos porque si no te sentaba a una mesa hasta que lo hicieras XD
    En serio, ahora tengo ganas de más.
    ¡Un besín!

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